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Las isoflavonas

Las isoflavonas

El papel de las isoflavonas es apreciado ampliamente y actualmente es asunto de intensa investigación. La doble actividad de las isoflavonas (actuando a la vez como estrogénicas y antiestrogénicas), le confieren una serie de cualidades que permiten regular el balance hormonal en la mujer, pudiendo prevenir la osteoporosis y actuar como potentes antioxidantes que protegen frente al desarrollo de cáncer de mama. Las Isoflavonas causan esto al competir con el propio estrógeno del cuerpo por los mismos sitios receptores en las células. Algunos de los enfermedades por estrógeno excesivo pueden disminuirse de esta manera.

Las Isoflavonas también pueden tener actividad estrogénica. Si durante la menopausia, el nivel natural del cuerpo del estrógeno cae, las isoflavonas pueden compensar esto uniéndose a los mismos sitios del receptor de tal modo que alivia los síntomas de la menopausia.

La mejor manera de consumir las isoflavonas es en la forma de soya, así se puede beneficiar de otros componentes saludables de la misma. La soya contiene muchas isoflavonas, pero los más beneficiosos son genistein y daidzein. Pueden encontrarse las cantidades más altas de isoflavonas en las nueces de la soya. Las Isoflavonas son bastante estables y no se destruyen bajo condiciones normales de cocción.

Los beneficios de las Isoflavonas en la salud.

Investigaciones en varias áreas del cuidado de la salud han mostrado que el consumo de isoflavonas puede jugar un papel importante en la disminución del riesgo de contraer enfermedades. Las Isoflavonas pueden luchar contra las enfermedades de varias maneras.

Los siguientes beneficios potenciales en la salud son atribuidos a las isoflavonas:

  • Alivia los síntomas de la menopausia. – Los beneficios de la soya van más allá de reducir el riesgo de cáncer a largo plazo. Recientes estudios han encontrado que las isoflavonas de la soya pueden disminuir diversos síntomas de la menopausia, como son los sofocos, fatiga, sudor nocturno, cambios en el estado de ánimo, etc. e incrementa la densidad ósea en las mujeres. De hecho, muchos problemas de salud, menopáusicos y post-menopáusicos, pueden ser resultado de una falta de isoflavonas en la dieta Occidental típica. Aunque los resultados del estudio no son completamente consistentes, las isoflavonas de la soya o el trébol rojo pueden ser provechosos para los síntomas de menopausia. Un estudio belga que fue realizado por “Test Aankoop” en 2004 investigó el comportamiento de la prescripción de 27 doctores para las mujeres con síntomas de la menopausia. Demostró que los isoflavonas fueron recomendados dos veces (44%) tan a menudo como el tratamiento hormonal (22%). Los suplementos prescritos fueron hechos principalmente de la soja, del cohosh negro y del lúpulo.
  • Reduce el riesgo de enfermedades del corazón. – Las isoflavonas de la Soya también parecen reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares por medio de distintos mecanismos . Las isoflavonas inhiben el crecimiento de las células que forman la placa que obstruye la arteria.. Estas arterias normalmente forman coágulos de sangre que pueden llevar a un ataque cardíaco. Una revisión de 38 estudios controlados en la soya y enfermedades del corazón concluyen que la soya es definitivamente eficaz para mejorar el nivel del colesterol. Existe evidencia de que las Isoflavonas son los ingredientes activos en la soya, responsables de mejorar el nivel de colesterol.
  • Protege contra los problemas de la próstata. – Comiendo productos ricos en Isoflavonas se puede proteger contra el agrandamiento de la glándula prostática masculina. Los estudios muestran que las isoflavonas retardan el crecimiento de cáncer de próstata y eliminan las células de cáncer de próstata. Las Isoflavonas actúan en cierto modo contra las células de cáncer similar a muchas drogas comunes de tratamiento contra el cáncer.
  • Las Isoflavonas mejoran la salud ósea. – Las isoflavonas contribuyen a mantener una buena salud ósea, ayudando en la prevención de la osteoporosis. Ésta es la razón por la que la gente en China y Japón tiene muy raramente osteoporosis, a pesar de su bajo consumo de productos lácteos, mientras que en Europa y Norteamérica sucede lo contrario. A diferencia del estrógeno, que ayuda a la prevención de la destrucción del hueso, la evidencia sugiere que las isoflavonas también puedan ayudar en la formación del nuevo hueso. Otros estudios no son completamente consistentes, pero la evidencia sugiere que el genistein y otras isoflavonas de la soya pueden ayudar a prevenir la osteoporosis.
  • Acción antitumoral y anticancerígena. – Las isoflavonas compiten con los estrógenos producidos por el cuerpo o introducidos y previenen que éstos activen los receptores de estrógenos disminuyendo así las probabilidades de desarrollar cánceres relacionados con hormonas.
    Las isoflavonas ayudan además a prevenir el proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos, propios de la formación de un tumor. De esta forma se deja al tumor sin fuente de alimentación impidiendo que crezca y se facilita que el organismo pueda eliminarlo. La genisteína ha demostrado tener un efecto en la célula del cáncer de próstata, y en ratones implantados con células de cáncer de próstata humana disminuye el crecimiento tumoral.
    Las isoflavonas actúan en cierto modo contra las células de cáncer similar a muchas drogas comunes de tratamiento contra el mismo. Los estudios basados en poblaciones muestran una fuerte unión entre el consumo de isoflavonas y una reducción del riesgo de cáncer de mama y endometrial. Las mujeres que comieron la mayoría de los productos de la soya y otras comidas ricas en isoflavonas redujeron el riesgo de cáncer endometrial en un 54%.

Las isoflavonas son hormonas de plantas naturales.

Las Isoflavonas pueden encontrarse en muchas comidas pero la fuente más abundante de isoflavonas es el fríjol de la soya. La mayoría de los beneficios que se atribuyen a la soya se producen por las isoflavonas. El fríjol de la soya es una planta cultivada para consumo y estudios recientes han descubierto las propiedades en el aspecto de la salud. Los estudios completos han revelado que el consumo de los frijoles de soya o comidas de soya que contienen isoflavonas tienen efectos favorables en la salud de las personas. Otra fuente de isoflavonas es el trébol rojo. A diferencia de los frijoles de la soya, el trébol rojo no se come normalmente pero las isoflavonas se extraen y se usan en suplementos de isoflavonas.

Las isoflavonas son antioxidantes naturales.

Un reciente estudio ha demostrado que las isoflavonas tienen potentes propiedades antioxidantes, comparables al de la vitamina E. Los poderes antioxidantes de las isoflavonas pueden reducir el riesgo a largo plazo de cáncer, previniendo el daño del radical libre de ADN. El Genistein es el antioxidante más potente entre las isoflavonas de la soya, seguido por el daidzein.

Actividad estrogénica

¿Cómo podemos explicar que los isoflavonas tienen un efecto estrogénico y un efecto antiestrogénico? Las isoflavonas presentan una acción estrogénica débil, 1/1000 a 1/100.000 de la del estradiol. Cuando los niveles naturales de estrógenos son bajos, los isoflavonas pueden ayudar a los estrógenos activando los beta receptores. Cuando los niveles naturales del estrógeno son altos, por ejemplo durante adolescencia, los isoflavonas se unen a los alfa receptores y evitan que los estrógenos naturales se unan con estos.

Regulación del equilibrio hormonal durante menopausia

Las isoflavonas regulan los niveles del estrógeno en el cuerpo. Las isoflavonas desempeñan un papel cuando el nivel del estrógeno es bajo. Los síntomas típicos de la menopausia, como son los sofocos, fatiga, sudor nocturno, cambios en el estado de ánimo, etc., llegan a ser menos severos.

Las isoflavonas de la soja fermentada (tamari, salsa de soja o shoyu, miso, Tempeh, etc…) son más eficaces que las obtenidas de la soja normal ya que se mejora su absorción.

100 gramos de soja contienen 300 mg de isoflavonas mientras que otras leguminosas contienen sólo 5 mg).

En esta época de la mujer sus niveles de estrógenos disminuyen y las isoflavonas compensan este desequilibrio sin todas las contraindicaciones de la medicación hormonal sustitutoria

Propiedades de la soja

  • La soja por su aporte en isoflavonas ( fitoestrógenos) regula el flujo de hormonas femeninas, reduciendo los sofocos de la menopausia y la pérdida de minerales en los huesos.
  • La soja regula la tasa de azúcar en la sangre, siendo aconsejada en diabéticos.
  • La soja se recomienda para prevenir problemas del corazón y del sistema circulatorio.
  • La soja reduce el colesterol gracias a su aporte en Lecitina e isoflavonas.
  • La soja es una excelente fuente de proteínas, la cual se convierte en un complemento idóneo en dietas vegetarianas.
  • La soja es preventiva de Cáncer de Próstata ya que en este órgano hay muchos receptores de estrógenos y la soja ayuda a regularlos.

Información nutricional de la soja (100 gr crudos)

  • 375 Calorías.
  • 33 gr de Proteínas.
  • 18 gr de Hidratos de Carbono.
  • 14 gr de Fibra.
  • 20 gr de una grasa llamada Lecitina que ayuda a bajar el Colesterol.
  • Su gran riqueza en Magnesio, Hierro ( 9 mg), Calcio (250 mg) y sobre todo en Potasio (1.675 mg), lo convierten en un alimento muy remineralizante.
  • También contiene vitaminas del grupo A, B, E y ácido fólico

Constatada la importante función en el cuerpo de la estructura hormonal (hipófisis, glándulas
suprarrenales, tirosina, estrógenos,…), en el mantenimiento de la salud y en la recuperación
si hay enfermedad, y dada “la tendencia a desestabilizarse cuando no se genera
suficientemente, lo que le sucede en la vida a la mujer en la menopausia o en la
premenopausia, cuando sus ovarios no segregan la cantidad necesaria y el tipo de
hormonas que debe segregar, y que ha estado segregando hasta entonces”. En la
menopausia, del cerebro de la mujer sale la orden para que de la hipófisis se segregue
estrógenos, pero el ovario ya no puede hacerlo y esa información vuelve negativa al
cerebro y altera las funciones emocionales de la mujer: “En la menopausia cambia su
comportamiento, su valoración, su capacidad de vivir, la vida matrimonial, también hay
cambios fisiológicos que hay que regular para evitar graves enfermedades en la zona
vaginal o en las mamas”. Entre los síntomas, sofocos, pérdida de masa ósea del sistema
locomotor, trastornos circulatorios y varices, la piel pierde su brillo, los pechos caen, el pelo
pierde brillo, mayor tendencia a la depresión y enfados: “Si la mujer consume alimentos
ricos en fitoestrógenos, esos síntomas y patología es menor”.

Para prevenir esa situación Apollinaire Dschoutezo propone los fitoestrógenos, presentes
en frutas, semillas y legumbres y con estructura molecular parecida a la del cuerpo, para
que éste se autorregule: “Alimentos que proveen de sustancias parecidas a los estrógenos,
camino natural para amortiguar esos cambios que vive la mujer, a veces pagando un precio
muy caro” -riesgos para la salud de los estrógenos sintéticos de la terapia hormonal
sustitutoria, porque el cuerpo llega a no absorberlos- ” según sea su nivel de vida, la
confianza en sí misma, cómo experimenta la vida, cómo se nutre”.

La mujer segrega dos hormonas, progesterona y estrógenos, que cumplen funciones a nivel
físico y emocional. Según Apollinaire, estrógenos y progesterona son hormonas antagónicas,
el cuerpo funciona mediante un sistema antagónico: “Los estrógenos hacen que la mujer
sea mujer, su morfología, sus rasgos femeninos, la pigmentación vaginal propia de mujer,
los pezones de mujer desarrollados durante el embarazo y lactancia. Los estrógenos hacen
que la mujer tenga más moco vaginal, para el dolor por escaso moco y sequedad de la
vagina es bueno el consumo de soja en su alimentación, de los fitoestrógenos de la soja.
Además, prepara los ovarios con más capacidad para recibir los espermatozoides, hay
relación de la infertilidad femenina con la ausencia o no de estrógenos, si faltan pueden
desarrollarse tumores, especialmente en el pecho. Los estrógenos promueven también la
salud ósea, que el hueso retenga los minerales que necesita, y posibilitan que la mujer
tenga en buen estado un tejido adiposo, graso, más desarrollado que el hombre. El
consumo de estrógenos de la soja mantiene la juventud, las mujeres japonesas, asiáticas,
siempre frescas, suaves, rejuvenecidas, muy pocas con la piel arrugada.” La progesterona,
en cambio, “Es la hormona que hace que el feto pueda mantenerse en el cuerpo durante el
embarazo, también controla que no haya excesivos estrógenos”.

Dschoutezo se refirió a los diversos fitoestrógenos (flavononas presentes en los cítricos,
flavonas en frutos rojos y amarillos, lignanos en verduras y cereales, casi todos, en
muy pequeña cantidad, flavonoles e isoflavonas presentes en mayor cantidad en las
leguminosas, especialmente la soja). Reflexionó después acerca de los estudios realizados
en torno a la dieta mediterránea y macrobiótica (asiática): “La conclusión es que la mujer
asiática sólo tiene un tercio de los síntomas de la mujer occidental al llegar a la menopausia,
¿Por qué?: por la alimentación, por el consumo muy frecuente de pescado y soja en
cualquiera de sus variedades, tofu, salsa tamari, leche y yogur de soja. Es bueno que la
mujer consuma soja, como mínimo tiene un 50% de garantía de no tener patología severa
en pecho y ovarios”.

Propiedades de las isoflavonas

Hace 10-15 años se descubrió cómo funciona la soja, su función
terapéutica. En palabras de Apollinaire, de los estudios realizados en
laboratorios, y con un consumo regular y frecuente (de leche de soja en
polvo, soja en grano y más concentrada en cápsula), las isoflavonas
de soja tienen estas propiedades: antioxidante (“impide a las toxinas
adherirse a la pared celular”), antitumoral (“si propensión a tumores en
pecho y ovarios, consumo diario de soja o derivados con isoflavonas”), anticancerígena (en
mamas, colon y próstata), previene la osteoporosis (“consumo regular de isoflavonas para
que no pierda sus minerales”), previene la arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias)
y cumple una función importante contra el colesterol (“especialmente la lecitina, que es el
30% de la masa cerebral, grasa que se utiliza y sirve para combatir las grasas de estructura
más densa, su consumo ayuda a desprender las moléculas de colesterol, y que también
contiene ácidos grasos esenciales e isoflavonas”).

La presencia de isoflavonas en el cuerpo activa, además, la función inmunitaria de defensa,
una mayor actividad de los macrófagos y glóbulos blancos. Tienen las isoflavonas de la soja
otras propiedades, antivírica (frente a infecciones repetitivas), antiinflamatoria (frente a la
artrosis) y antibiótica. El consumo de alimentos ricos en isoflavonas (soja, alfalfa) también
se utiliza en terapia de cáncer de colon, uno de los más frecuentes porque la dieta habitual
no es la que debería ser. En su opinión, el grano no germinado aporta más sustancias
nutritivas que el grano germinado.

Apollinaire sostiene que “Las isoflavonas deben consumirse a dosis elevadas, en cantidad
necesaria para que tengan función terapéutica, que no se consigue comiendo un plato de
soja sino en productos elaborados donde se potencia una alta concentración de isoflavonas.
La soja es un alimento a consumir diariamente, como el arroz, pero ese consumo no es
suficiente para suplir la falta de estrógenos”. Las isoflavonas de la soja fermentada (miso,
tempeh, tofu fermentado, salsa tamari) son más potentes que las de la soja natural, la
fermentación mejora la digestibilidad del alimento. Para las personas que no toleran la soja,
porque en la soja hay un inhibidor de la tripsina causante de gases, la intolerancia se evita
tostándola un poco antes de cocinarla: “En todas las legumbres, tostando un poco se
destruyen las enzimas que producen fermentación en el vientre”.

La terapia hormonal

Para Marilyn Glenville (Menopausia natural, Integral, Barcelona, 1998) el principio de la
terapia hormonal sustitutoria (THS) es suministrar hormonas cuando se debilita la propia
producción, para evitar los sofocos, la sudoración nocturna y muchos de los restantes
síntomas de la menopausia. Muchas mujeres

Constatada la importante función en el cuerpo de la estructura hormonal (hipófisis, glándulas
suprarrenales, tirosina, estrógenos,…), en el mantenimiento de la salud y en la recuperación
si hay enfermedad, y dada “la tendencia a desestabilizarse cuando no se genera
suficientemente, lo que le sucede en la vida a la mujer en la menopausia o en la
premenopausia, cuando sus ovarios no segregan la cantidad necesaria y el tipo de
hormonas que debe segregar, y que ha estado segregando hasta entonces”. En la
menopausia, del cerebro de la mujer sale la orden para que de la hipófisis se segregue
estrógenos, pero el ovario ya no puede hacerlo y esa información vuelve negativa al
cerebro y altera las funciones emocionales de la mujer: “En la menopausia cambia su
comportamiento, su valoración, su capacidad de vivir, la vida matrimonial, también hay
cambios fisiológicos que hay que regular para evitar graves enfermedades en la zona
vaginal o en las mamas”. Entre los síntomas, sofocos, pérdida de masa ósea del sistema
locomotor, trastornos circulatorios y varices, la piel pierde su brillo, los pechos caen, el pelo
pierde brillo, mayor tendencia a la depresión y enfados: “Si la mujer consume alimentos
ricos en fitoestrógenos, esos síntomas y patología es menor”.

Para prevenir esa situación Apollinaire Dschoutezo propone los fitoestrógenos, presentes
en frutas, semillas y legumbres y con estructura molecular parecida a la del cuerpo, para
que éste se autorregule: “Alimentos que proveen de sustancias parecidas a los estrógenos,
camino natural para amortiguar esos cambios que vive la mujer, a veces pagando un precio
muy caro” -riesgos para la salud de los estrógenos sintéticos de la terapia hormonal
sustitutoria, porque el cuerpo llega a no absorberlos- ” según sea su nivel de vida, la
confianza en sí misma, cómo experimenta la vida, cómo se nutre”.

La mujer segrega dos hormonas, progesterona y estrógenos, que cumplen funciones a nivel

físico y emocional. Según Apollinaire, estrógenos y progesterona son hormonas antagónicas,
el cuerpo funciona mediante un sistema antagónico: “Los estrógenos hacen que la mujer
sea mujer, su morfología, sus rasgos femeninos, la pigmentación vaginal propia de mujer,
los pezones de mujer desarrollados durante el embarazo y lactancia. Los estrógenos hacen
que la mujer tenga más moco vaginal, para el dolor por escaso moco y sequedad de la
vagina es bueno el consumo de soja en su alimentación, de los fitoestrógenos de la soja.
Además, prepara los ovarios con más capacidad para recibir los espermatozoides, hay
relación de la infertilidad femenina con la ausencia o no de estrógenos, si faltan pueden
desarrollarse tumores, especialmente en el pecho. Los estrógenos promueven también la
salud ósea, que el hueso retenga los minerales que necesita, y posibilitan que la mujer
tenga en buen estado un tejido adiposo, graso, más desarrollado que el hombre. El
consumo de estrógenos de la soja mantiene la juventud, las mujeres japonesas, asiáticas,
siempre frescas, suaves, rejuvenecidas, muy pocas con la piel arrugada.” La progesterona,
en cambio, “Es la hormona que hace que el feto pueda mantenerse en el cuerpo durante el
embarazo, también controla que no haya excesivos estrógenos”.

Dschoutezo se refirió a los diversos fitoestrógenos (flavononas presentes en los cítricos,
flavonas en frutos rojos y amarillos, lignanos en verduras y cereales, casi todos, en
muy pequeña cantidad, flavonoles e isoflavonas presentes en mayor cantidad en las
leguminosas, especialmente la soja). Reflexionó después acerca de los estudios realizados
en torno a la dieta mediterránea y macrobiótica (asiática): “La conclusión es que la mujer
asiática sólo tiene un tercio de los síntomas de la mujer occidental al llegar a la menopausia,
¿Por qué?: por la alimentación, por el consumo muy frecuente de pescado y soja en
cualquiera de sus variedades, tofu, salsa tamari, leche y yogur de soja. Es bueno que la
mujer consuma soja, como mínimo tiene un 50% de garantía de no tener patología severa
en pecho y ovarios”.

Propiedades de las isoflavonas

Hace 10-15 años se descubrió cómo funciona la soja, su función
terapéutica. En palabras de Apollinaire, de los estudios realizados en
laboratorios, y con un consumo regular y frecuente (de leche de soja en
polvo, soja en grano y más concentrada en cápsula), las isoflavonas
de soja tienen estas propiedades: antioxidante (“impide a las toxinas
adherirse a la pared celular”), antitumoral (“si propensión a tumores en
pecho y ovarios, consumo diario de soja o derivados con isoflavonas”), anticancerígena (en
mamas, colon y próstata), previene la osteoporosis (“consumo regular de isoflavonas para
que no pierda sus minerales”), previene la arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias)
y cumple una función importante contra el colesterol (“especialmente la lecitina, que es el
30% de la masa cerebral, grasa que se utiliza y sirve para combatir las grasas de estructura
más densa, su consumo ayuda a desprender las moléculas de colesterol, y que también
contiene ácidos grasos esenciales e isoflavonas”).

La presencia de isoflavonas en el cuerpo activa, además, la función inmunitaria de defensa,
una mayor actividad de los macrófagos y glóbulos blancos. Tienen las isoflavonas de la soja
otras propiedades, antivírica (frente a infecciones repetitivas), antiinflamatoria (frente a la
artrosis) y antibiótica. El consumo de alimentos ricos en isoflavonas (soja, alfalfa) también
se utiliza en terapia de cáncer de colon, uno de los más frecuentes porque la dieta habitual
no es la que debería ser. En su opinión, el grano no germinado aporta más sustancias
nutritivas que el grano germinado.

Apollinaire sostiene que “Las isoflavonas deben consumirse a dosis elevadas, en cantidad
necesaria para que tengan función terapéutica, que no se consigue comiendo un plato de
soja sino en productos elaborados donde se potencia una alta concentración de isoflavonas.
La soja es un alimento a consumir diariamente, como el arroz, pero ese consumo no es
suficiente para suplir la falta de estrógenos”. Las isoflavonas de la soja fermentada (miso,
tempeh, tofu fermentado, salsa tamari) son más potentes que las de la soja natural, la
fermentación mejora la digestibilidad del alimento. Para las personas que no toleran la soja,
porque en la soja hay un inhibidor de la tripsina causante de gases, la intolerancia se evita
tostándola un poco antes de cocinarla: “En todas las legumbres, tostando un poco se
destruyen las enzimas que producen fermentación en el vientre”.

La terapia hormonal

Para Marilyn Glenville (Menopausia natural, Integral, Barcelona, 1998) el principio de la
terapia hormonal sustitutoria (THS) es suministrar hormonas cuando se debilita la propia
producción, para evitar los sofocos, la sudoración nocturna y muchos de los restantes
síntomas de la menopausia.

Investigaciones publicadas en el British Medical Journal demuestran que complementando
la dieta de las mujeres posmenopáusicas con soja y otros alimentos que contienen
fitoestrógenos, se reduce la concentración de FSH (hormona cuya cantidad aumenta en la
menopausia): “El efecto de los fitoestrógenos tiene, por ejemplo, consecuencias rápidas y
manifiestas en las células de la vagina, reduciendo su sequedad e irritación, … demostrando
que la ingesta de fitoestrógenos es vital para combatir los síntomas menopáusicos, lo que
explica por qué las mujeres orientales, cuya dieta está constituida básicamente por soja,
raramente se quejan de sofocos u otros síntomas relacionados con la menopausia”,
concluye Marilyn Glenville.

Influencia en la salud

Kerry Bone (Medicina Holística nº 60, Madrid, 2000), pasa revista a distintos estudios que
analizan la influencia de las isoflavonas de soja en la actividad hormonal de la mujer: “Se
puede concluir que el alto consumo de soja parece reducir los niveles de estrógenos en
plasma en las mujeres menopáusicas”. Respecto al efecto de la soja sobre la densidad
ósea: “Al consumir proteína de soja aislada, se dieron aumentos significativos tanto en el
contenido mineral de los huesos como en la densidad ósea de la columna lumbar”.

Con relación a los síntomas menopáusicos, Kerry Bone constata que la suplementación
con soja en la dieta produce mejoras significativas en los niveles de lípidos y lipoproteínas,
así como en la gravedad percibida de los síntomas vasomotores: las isoflavonas de soja
reducen, por ejemplo, la frecuencia de los calores súbitos.

Fitoterapia y menopausia

Jordi Camerino (Fitomédica nº 11, Barcelona, 1998) recomienda para tratar durante la
menopausia las alteraciones circulatorias vid roja, meliloto, hamamelis, castaño de indias,
ulmaria y ginkgo biloba. Frente a los sofocos, grosellero negro, salvia, melisa, aceite
esencial de albahaca y tomillo. Para el nerviosismo, ansiedad e insomnio, pasiflora,
valeriana, lúpulo, tila, sauce, espino blanco y lavanda. En caso de astenia, eleuterococo,
ginseng y damiana.

Como complementos alimentarios, lactobacillus (ayudan a mantener la flora intestinal y

vaginal, evitando infecciones en el tracto genitourinario), aceites de pescado (alto contenido
en ácidos grasos poliinsaturados que reducen el nivel de colesterol y triglicéridos y la
agregación plaquetaria, y con propiedades antiinflamatorias y antialergénicas) y aceite
de onagra (contiene los ácidos grasos esenciales necesarios para la síntesis de
prostaglandinas que actúan como moduladores hormonales).

En los cuidados generales en la menopausia destaca una alimentación equilibrada, rica
en vegetales frescos (“llevan sustancias de transformación hormonal”), aumentar la ingesta
de proteínas de origen vegetal (legumbres y cereales) y evitar el alcohol, café y tabaco.
También, realizar ejercicio físico (“mejora la adaptación hormonal, aumenta la capacidad
de oxigenación tisular, mantiene las estructuras óseas y musculares en forma y anula el
estrés”), mantener una vida sexual activa (“la mejor manera de mejorar la sequedad vaginal”)
y vivir la menopausia como una prolongación de la madurez femenina y una etapa de
liberación (“ya no hay molestias en las reglas, ya no hay

 

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